La respuesta fallida del gobierno venezolano al terremoto: lo que revelan ocho fuentes a Reuters
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Desde los primeros días tras el sismo, una crítica unánime ha resonado entre la población: el Estado no respondió a tiempo. Ciudadanos que aún buscan a familiares entre los escombros, y otros que tras días de incertidumbre han comenzado a relatar los obstáculos encontrados, sostienen que la ayuda oficial llegó demasiado tarde o nunca llegó.
Según una investigación de Reuters basada en ocho fuentes familiarizadas con los hechos, la respuesta oficial se vio obstaculizada por órdenes tardías, una grave falta de equipos y una confusión generalizada. Este caos retardó el despliegue de las fuerzas del país en las zonas más afectadas. El doblete sísmico del 24 de junio impactó no solo a los municipios de Caracas, sino principalmente al estado La Guaira, escenario de la mayor tragedia. El parte oficial del 19 de julio reporta más de 5.208 fallecidos y 17.907 damnificados. En localidades como Caraballeda, las familias continúan buscando a sus seres queridos para darles sepultura.
El contraste entre la narrativa oficial y la realidad en terreno
El caso de María, una mujer que desde el primer día busca a sus sobrinos en las torres de la OPPE sin haberlos encontrado hasta el 15 de julio, resume la frustración de muchas personas. Su respuesta ante la espera es siempre la misma: «Nadie nos ha venido a ayudar».
Esta realidad choca frontalmente con las declaraciones de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien asegura que las fuerzas armadas se desplegaron desde el primer momento en todas las zonas y que se movilizó a 4.000 funcionarios (militares y policías). Sin embargo, los testimonios de testigos y las fuentes consultadas por Reuters no coinciden con esta versión.
El papel de los civiles y la inacción oficial
Las investigaciones revelan que, inicialmente, fueron los civiles quienes actuaron. Muchos funcionarios, incluso aquellos con órdenes directas de no intervenir, eligieron trabajar como voluntarios en las zonas de desastre. Ellos fueron los primeros en sacar personas de los escombros, distribuir comida e insumos, y aprender técnicas de rescate sobre la marcha mientras esperaban una respuesta institucional que no llegaba.
Fuentes de las fuerzas armadas indicaron que el despliegue fue lento y desorganizado debido a:
- La falta de claridad sobre quién coordinaba la emergencia.
- La ausencia de un plan específico para este tipo de desastre.
- La escasez crítica de equipos.
Crisis de logística, mando y confianza
La cadena de mando se reveló débil, dejando a muchos funcionarios sin saber cómo actuar. Este retraso organizacional afectó incluso a los equipos internacionales de rescate en sus primeras horas. Las fuentes, que hablaron bajo anonimato por temor a represalias, señalaron que muchos agentes no actuaron por miedo a ser reprendidos, esperando instrucciones de autoridades superiores que nunca llegaron.
A esto se sumaron problemas prácticos graves:
- Falta de vehículos suficientes para transportar personal.
- Carencia de herramientas básicas como palancas y martillos.
- Una estructura de mando duplicada: la designación de Juan Sulbarán como «única autoridad» de la Guardia Nacional, junto con el decreto que otorgó poderes al ministro del Interior, Diosdado Cabello, generó tal confusión que nadie sabía realmente quién dirigía la respuesta.
El debilitamiento de la Fuerza Armada
El artículo también destaca que la Fuerza Armada Nacional (FAN) ha perdido capacidad operativa en comparación con años anteriores. El presupuesto de preparación militar ha sido recortado y los recursos se han concentrado en mantener las nóminas. Según una fuente, la orden requerida para el despliegue inmediato (emitida conjuntamente por el comandante estratégico de operaciones y el de defensa regional) nunca se produjo.
El impacto de esta ausencia fue devastador. La desconfianza preexistente hacia las fuerzas militares derivó en descontento y abandono. En el momento más crítico, cuando el Estado debía proteger a los ciudadanos, las fuerzas no aparecieron debido a la falta de una orden clara y un plan estratégico.
Hoy, personas como María y cientos de familias continúan vigilando las ruinas de sus edificios, esperando una respuesta que, según sus testimonios, debería haber llegado mucho antes.

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