Así fueron las últimas horas del disidente Yunior García en La Habana

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Yunior García Aguilera dice que no es un superhéroe ni un activista político, pero ha tenido el arrojo necesario para plantar cara, junto a decenas de colegas disidentes, a las autoridades de Cuba.

Reconoce que ha tenido que pagar un precio alto, el del exilio, la incomprensión y el miedo.

El domingo pasado había anunciado su intención de salir a la calle, solo, armado con una rosa blanca para protestar por la falta de libertades en la isla.

En apenas un año se había convertido en una de las figuras sobresalientes del Grupo Archipiélago, que inspira a miles de personas en Cuba. 

El régimen neutralizó su casa con el envío de agentes de la seguridad y policías. La jornada de la Marcha Cívica del 15-N, La Habana amaneció sin apenas actividad en las calles con muchos más agentes de policías de lo habitual vigilantes para evitar un estallido de manifestaciones como las que se vivieron el 11 de julio.

Quedan algunas incógnitas por conocer sobre su salida de Cuba. ¿Le invitó al Gobierno de la isla a marcharse? ¿Hubo una negociación con las autoridades españolas? Yunior ha dicho que tomó la decisión porque estaba “quebrado”. “Todos esperaban de mí algo más allá de lo que realmente soy capaz de dar”, asegura el dramaturgo, representante de la nueva generación de disidentes relacionada con el mundo de la cultura.

El artista ha contado que visitó la embajada de España en La Habana ”en previsión de que me detuvieran, porque siempre pensé que el 14 iba a terminar en una cárcel”. 

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Al darse cuenta de que la policía se retiró de su casa por la noche y verse aún en libertad asumió que se había librado de prisión. Yunior explica que a las nueve de la noche tomó la determinación de marcharse del país. 

Llamó al arzobispo de La Habana y le pidió perdón: “Tengo miedo de convertirme en un monstruo y que la rabia me termine ganando”, contó el propio dramaturgo durante la rueda de prensa que ofreció el jueves en Madrid.

Me sentía como alguien que se está ahogando dentro de un estanque y ya no tiene opciones, lo que estaba viviendo me iba a aniquilar como persona. Por tanto necesitaba salir a tomar un poco de aire”, explicó en una entrevista con LA RAZÓN horas más tarde.

Así que el día 15 se acercó a la legación diplomática española y le anunciaron que ya tenía el visado concedido. El Gobierno cubano había decidido ponerle puente de planta para su salida del país. Así que, en un giro inesperado, optó por abandonar Cuba acompañado de su esposa Dayana Prieto. 

Con la ayuda de un grupo de amigos que le prestaron algunos dólares logró llegar al aeropuerto temiendo en todo momento que pudiera ser detenido, un temor que se disipó cuando por fin se subió a un vuelo de Iberia y despegó con destino a España el pasado martes. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, aseguró el viernes que la llegada de Yunior García se produjo a petición del dramaturgo y “con normalidad”.

Para su exilio podría haber elegido Florida, destino de miles de cubanos exiliados desde hace décadas, pero Yunior optó por venir a España, de momento con una vista de turista por 90 días. La presencia de este dramaturgo de 39 años, nacido en Holguín, sigue la estela de innumerables cubanos que abandonaron la isla con rumbo a España desde la década de los ochenta. 

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En 1986, llegó a Madrid el ex comandante Eloy Gutiérrez tras ser excarcelado gracias a las gestiones del entonces presidente Felipe González. Manuel Fraga, que presumía de una magnífica relación con Fidel Castro, propició tras un viaje a La Habana en septiembre de 1991 la liberación de un centenar de presos políticos que llegaron a España en oleadas sucesivas a partir de 1992.

Fue un lento goteo que dio pie al establecimiento de una colonia de exiliados cubanos en la capital española, un proceso que siguió a principios del nuevo siglo, tras las detenciones masivas en Cuba de 2003, un periodo conocido como la Primavera Negra.

Las víctimas de esa ola represiva fueron 75 detenidos -médicos, periodistas- de forma inesperada, juzgados con rapidez y condenados a prisión. Uno de ellos fue el poeta Raúl Rivero, que llegó a Madrid tras ser excarcelado en 2004 y fallecido hasta tan solo unos días en Miami.

Lea la nota completa en La Razón

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